
Igual que
hice en el reportaje de Innercity, debo comenzar esta crónica
de Trance Energy dando las gracias a Sergio Cardoso, porque sin su ayuda,
no hubiese sido posible realizar este reportaje (posiblemente el mejor
que hemos hecho hasta el momento). Después de la gran experiencia
que supuso para nosotros la visita a Innercity, no podíamos faltar
a este nuevo macro evento organizado por ID&T. En esta ocasión,
nos desplazamos hasta Utrecht, ciudad donde se celebra Trance Energy.
Llegamos a Jaarbeurs por la tarde, unas horas antes del comienzo de
la fiesta; decidimos acercarnos al recinto para ver como montaban una
fiesta tan monumental como esta y pudimos hacer algunas fotos mientras
los operarios trabajaban contrareloj. A penas quedaban dos horas para
la apertura de puertas y todavía quedaban muchas cosas por hacer,
pero cuando comenzó la fiesta, todo estaba perfectamente preparado.
La fiesta se desarrollaba en tres inmensos pabellones: Madhouse Stage,
In charge Stage y Main Stage. El más grande y espectacular de
todos era el Main Stage, un monumental espacio, en el que destacaba
una línea de gigantes bolas de cristal, colgadas en el techo
acompañanando a la iluminación; en los laterales, se habían
instalado gradas para poder colocar la iluminación y el sonido.
En medio de la pista, una plataforma sujetaba un piano que más
tarde sería utilizado durante las sesiones; las barras se extendían
por los laterales y en el fondo, podíamos encontrar la inmensa
cabina. La cabina estaba en alto, formada por un impresionante conjunto
de luces y lásers que desde la espalda del deejay creaban efectos
asombrosos. En la Mainstage, también podíamos encontrar
la zona vip y una atracción de feria, (que se hacía pequeña
en aquel macroespacio) en una de las esquinas; lo más impresionante
de todo, es que por la noche estaría completamente lleno de gente.
La
zona In charge, era mucho más pequeña que la Main pero
también estaba muy bien acondicionada.
Lo que más destacaba de esta zona, era la cabina, donde podíamos
encontrar un mural formado por decenas de bolas de discoteca, que cuando
reflejaban los lásers, creaban los efectos más impresionantes
que jamás he visto. La zona Madhouse, era la más sobria
y sencilla de las tres, una circular cabina se situaba en el medio de
la pista, desde donde salía todo el sonido e iluminación
de esta zona. Entre los tres pabellones, podíamos disfrutar de
una interminable zona de descanso, dónde estaba el restaurante
y una área con videoconsolas. Además de todo esto, encontrábamos
algunos de los elementos comunes a todas las fiestas de ID&T, como
la tienda de merchandising, una zona de masajes, stands publicitarios
etc. Uno de los elementos que más me llama la atención
en estas fiestas, es la impresionante entrada al recinto, compuesta
por innumerables vallas metálicas que dividen a la gente para
el posterior cacheo en profundidad; además, en estos cacheos,
los porteros/as cachean indistintamente a los chicos y a las chicas,
algo muy común en las discotecas de Holanda e impensable en España.
Igual de importante que el montaje y las características técnicas
del recinto, es el factor humano; cientos de profesionales (seguridad,
camareros, limpieza...) se encargan de que todo esté perfecto;
como ya comenté en el reportaje de Innercity, en estas fiestas,
no existen los tiempos de espera (algo a lo que desgraciadamente estamos
acostumbrados en España); no hay que esperar para entrar, no
hay que esperar para pedir los tickets ni para pedir las copas, en definitiva,
una perfecta organización en todos los sentidos. Y aún
más importante que la ausencia de tiempos de espera, es la ausencia
de movidas y de malos rollos; el público que va a estos sitios,
acude con la única intención de pasarselo bien y disfrutar
de buena música. Esta cordialidad, la transmite tanto el público
como la gente de organización. ---
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